
| Esta vez habíamos ido a parar en medio de un desfile con elefantes y todo. Millán fué a caer justo en medio de las patas de uno de ellos. ¡Si no llega a ser por Nerea lo chafan! Nerea era una muchacha egipcia, muy bonita, que estaba viendo el desfile. Ella nos explicó que el hombre del desfile era Alejandro Magno. En ese momento iba a hacer una ofrenda a los dioses egipcios. ¡Nada menos que dos monedas persas como las que necesitábamos! | ||
| Iban a dejar las monedas en una pirámide. En ese momento Alejandro Magno dijo que él era el hijo de Zeus. Si eso era verdad, entonces ¡era mi tio! Pero él no me creyó y me encerró en la pirámide junto con las monedas. ¡Vaya! Esta vez era a mi a quién tendrían que rescatar. Afortunadamente Nerea conocía muy bien los pasadizos de la pirámide. Pero los pasadizos estaban muy oscuros y necesitaban una lámpara, así que fueron a comprar una. | | ||
| El tendero no se fiaba de esas cosas nuevas que llamaban monedas y lo único que quería era cambiar la lámpara por algo (como los trogloditas). El tendero quería una mesilla, así que se la dieron (no sé de donde la sacaron Millán, Henar y Nerea) y entraron en la pirámide. Caminando por los pasadizos encontraron por casualidad una trampilla secreta. Era la puerta de la sala donde me habían encerrado junto con las monedas. Así que guardamos la moneda en el álbum, dejamos a Nerea fuera de la pirámide y... | |||
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