
| Esta vez estábamos en un barco español de los que venían de las Indias. Ibamos a Sevilla. Durante el viaje descubrimos que dos de los oficiales del barco querían robar el diamante que había en el barco. Al llegar a puerto vimos mucha gente sentada en unos bancos y muy atareada. Eran los primeros banqueros (de ahí el nombre). Ellos nos podrían dar el recibo que necesitábamos. Pero antes teníamos que impedir que los dos cacos se quedaran con el diamante. | | ||
| Yo, que aunque no lo parezca soy muy valiente, me escondí tras la capa de uno de ellos y pude escuchar todo lo que decían. Querían llevarse el diamante en unos carros. Pablete, un Sevillano muy "salao" que habíamos conocido al desembarcar, nos dijo que teniamos que comprar un carro para hacerlo chocar con el carro de los ladrones. De esa forma vendría la guardia del Rey y los detendría. | |||
| No teníamos dinero para comprar un carro, así que Henar y Pablete se pusieron a bailar en la calle para que les tiraran monedas. Debían bailar muy, pero que, muy bien, porque enseguida tuvimos el dinero para el carro. Hicimos lo que habímos planeado y todo salió perfectamente. Tanto, que el mismísimo Rey nos recompensó con 500 ducados (la peseta del siglo XVI). Fuimos rápidamente donde estaban los banqueros y uno de ellos nos dió un recibo conforme le habíamos entregado los 500 ducados. | ||
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