-Mira, abuelo, donde me he subido!... -decía Millán en la horquilla del laurel.
-Y yo también! -agregó Henar desde la otra rama más baja.
-¡Tened cuidado no os vayáis a caer!. ¿Queréis que os cuente la historia de este laurel?
-Si, pidieron los niños, bajando del árbol.
-Bueno, pues éste es un laurel mágico. Es descendiente de las "meigas" de Galicia, donde nació. Su infancia ha transcurrido en Carabanchel, en la casa de Sol, donde fue trasplantado al suelo del jardín, pero el tío Antonio lo colocó en una maceta y se lo llevó a Villalba. Y como en la maceta no crecía demasiado me lo trajo a Navafría para que lo pusiera en el "Linar" y aquí lo pusimos en la esquinita de la huerta de la tía Matea.
Cuando la tía Matea le vio, dijo:
-¿Que habéis puesto ahí? ¿Es un laurel? ... ¡Qué chiquitín! Habrá que cuidarle.
Y cuando llegó el invierno, le colocaba un plástico para que no se helara sus frías noches.
Al llegar la primavera, el tío Miguel metió las chotas en el "Linar" para que se comieran la hierba y tuvo la mala suerte de que una de ellas le pisara y le abriera en dos la rama principal.
Pero este pisotón, que en principio parecía un gran daño para el arbolito, tuvo la virtud de traspasar "magia" a sus hojas.
Al hacerse grande, sus poderes mágicos crecieron y se desarrollaron de tal forma que hoy es el "LAUREL MÁGICO".
-¡Va,... eso es un royo!-dijo Millán, y volvió a trepar por las ramas del laurel.
-Si, es un royo-repitió Henar trepando a otra rama.
El abuelo dejó de contar la historia, mientras los niños trepaban por las ramas del laurel.
Millán pensaba que no podía haber magia en las hojas del laurel, mientras, trepando se había subido más alto que de costumbre, cuando... una hoja empezó a crecer y crecer, hasta hacerse enorme.
Millán la miraba maravillado, pero... ¡oh sorpresa!, la hoja se movió con rapidez, impulsada por una fuerte ráfaga de viento, cogió al niño tan desprevenido que no le costó ningún trabajo pasarle a través de ella en un santiamén.
Apareció, Millán, de repente en un lugar donde había enormes plantas que casi tapaban el cielo...
Mientras tanto, Henar miró hacia arriba del laurel, y como no veía a Millán, subió a buscarle. Pronto vio crecer la hoja que la habría de llevar junto a su hermano.
Millán se sorprendió al ver aparecer a su lado a su hermana con cara de sorpresa.
domingo, 28 de enero de 2007
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